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sol y luna

El conflicto primigenio había sido pronunciado, representado en los mitos y el arte: la lucha de ambos principios primigenios Sol y Luna, hombre y mujer, razón y sentimiento, claridad y oscuridad. Este conflicto marcó la mitología de la Grecia clásica, que surgió siglos antes de Cristo en Grecia, se ocupó de este conflicto primigenio: la filosofía.

Tales de Mileto (625-547 A.C.), el primer filósofo empirista de la historia, y sus Discípulos Anaximandro y Anaxímenes desmitificaron la antigua mitología personificadadora y con ello también la Luna. Los dioses no son los que determinan el discurrir del mundo, decían estos filósofos, sino los elementos físicos fuego, agua, aire y tierra.

Pitágoras de Samos (580-500 A.C.) llevó esta filosofía y ciencia natural aún más allá. Dijo que se podía llevar a conocer la armonía y el orden del cosmos y el mundo por medio de las matemáticas, la física, la acústica y la astronomía.

Esta idea de un cosmos ordenado se encuentra aún siglos más tarde en la obra “De re publica”, del político y filósofo romano Cicerón. Al final de esa obra, Cicerón narra una visión de Escipión el Joven, un sueño en el que aparece su abuelo al joven Escipión y le dice: “¿Cuánto tiempo seguirá tu espíritu amarrado a la Tierra? ¿No ves a qué lugares has llegado?”. Y Escipión el Viejo le mostró las maravillas del universo compuesto de nueve esferas concéntricas. La primera de ellas es la del cielo; la exterior, que abarca a todas las demás, la de la divinidad más alta, que rodea a las demás y las contiene dentro sí. En ella están firmemente engarzadas las órbitas de las estrellas fijas, que giran eternamente. Debajo de ella están situadas las siete esferas que giran en sentido inverso con un movimiento opuesto a la esfera del cielo. Después las nombró sucesivamente: Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna. Sin embargo, debajo de ella, continuó su abuelo “No hay más que lo mortal y lo transitorio, excepto las almas, que como regalo de los dioses les han sido dadas al género humano; por encima de la Luna todo es eterno”.

Del orden del mundo y del cosmos y la oposición primigenia de lo masculino y lo femenino también estaban convencidos los japoneses y chinos. El mito chino de la creación Huai-Nantse del siglo segundo después de Cristo muestra el surgimiento de la Tierra del caos, de lo infinito. Lo finito, la materia, se separó posteriormente. Lo luminoso y claro se elevó y se convirtió en el cielo; lo pesado y turbio se condensó y formó la Tierra. A partir de las esencias ligadas del cielo y de la Tierra se formaron después el principio del yang = masculino = fuego y el principio del yin = femenino = agua. A partir de las esencias concentradas del yin y el yang se formaron las cuatro estaciones, y de la esencia de las cuatro estaciones esparcidas por toda la Tierra provienen los seres del mundo. Después de largo tiempo, la potencia concentrada del yang creó el fuego, y la esencia de esa energía formó el Sol. La energía del agua concentrada durante eones se transformó en la Luna.  A partir de la esencia de la fuerza sobrante del Sol y la Luna se formaron las estrellas y planetas. El cielo recibió el Sol, la Luna y las estrellas, y a a Tierra se le dio el agua y la tierra firme.

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