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shiva-shakti

En la cultura oriental hay una única energía divina, llamada Shakti, mientras que en occidente la energía creadora originó dos modelos femeninos contrapuestos: Eva y María. La primera es el origen del mal, mientras la segunda es la que puede remediar, mediante el sacrificio y el altruismo, los errores llevados a cabo por la compañera de Adán. En efecto, por un lado el hombre honra a la madre y a la buena esposa, pero por otro, se siente atraído irresistiblemente por la prostituta, lasciva y tentadora; es decir, busca la virtud pero ama el vicio.

El ideal femenino del cristianismo es la virgen, totalmente ajena a los impulsos sexuales, perfecta por su castidad.

La mujer occidental dispone solamente de dos modelos primitivos, ambos derivados de la figura de la Virgen María (matrimonio y maternidad o virginidad y velo monacal). En cambio, la espiritualidad hindú no reconoce esta dicotomía. La principal figura divina, Shakti, tiene una importancia fundamental porque es el poder creador, la energía primordial que, uniéndose al ser divino no indiferenciado, da a luz a lo que es visible y a lo que es invisible: Los dioses y los hombres, la eternidad y el paso del tiempo, la fuerza materna, el molde del que nace el proceso de formación de la dualidad.

Shakti crea y protege nuestro mundo, pero al mismo tiempo lo destruye, siguiendo la ley de la transformación continua, según la cual todo lo que ha nacido debe disolverse, cada instante debe desaparecer para permitir que el siguiente pueda manifestarse.

Esta energía se encarna cada vez en diosas que adoptan apariencias diferentes: Lakshmi es la protectora del género humano, la que dispensa felicidad y misericordia; cuando se presenta como Kalí es la señora del tiempo y de la muerte, la imagen de la desaparición y de la disolución de todo lo que existe, pero también de la muerte de lo que nos tiene prisioneros y el anuncio de una vida nueva.

@virginiaescobar

 

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