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Esta cruz está formada por una cruz de Malta como fondo, por una cruz triangular sobrepuesta y por una cruz de prismas que aparece en los extremos de la segunda como desprendiéndose de ella.

Es un bello símbolo de sacrificio universal. Representa tres vidas en sucesivas reencarnaciones consagradas al bien de la humanidad. Tres vidas de renunciación a los placeres y comodidades del mundo.

Tres grandes sacrificios por la redención humana. Tres nobles avatares al servicio de los que sufren. Tres grandes holocaustos por los que se debaten y lloran. A medida que la humanidad se hunde más y más en lo material, que vive tan sólo para el goce de los sentidos, para el placer de la carne, su cruz se hace más pesada y tosca. La ausencia en el alma de anhelos espirituales, aumenta el peso en la cruz que cada uno tiene que llevar desde que nace hasta que muere.

PER CRUCEM AD LUCEM

Por la cruz hacia la luz. Tal es la meta a seguir para alcanzar la iluminación espiritual. Mientras no hay sacrificio por otro, no hay felicidad. Todos formamos parte de una inmensa cadena en la cual tenemos que poner al servicio de los demás nuestras capacidades y habilidades. Mutuamente nos beneficiamos con este servicio en lo general. Pero, donde realmente se adquiere mérito y en el alma se enciende la primera luz, es en el sacrificio por algún ser querido. Sacrificio que a veces se prolonga por años y años sin ver el fruto o el beneficio en el ser amado; pero no obstante el mérito está hecho, el bien se ha sembrado y, aunque se muera sin alcanzar a ver el resultado, la gratitud y la bendición de la persona beneficiada llegará, como sutil consuelo hasta donde more el alma del que se sacrificó.

Mientras un Ego tenga que encarnar en un cuerpo de carne y hueso para poder realizar una misión, aunque ésta sea muy digna y noble, sin embargo, no deja de ser humano y, por consiguiente, está expuesto a la tentación del pecado. En cambio, cuando ese mismo Ego, cumplida su misión, mora en la mansión de los bienaventurados, es un torrente vivo de luz que irradia ráfagas, ondas y destellos luminosos hacia la tierra. Su labor está hecha, su misión cumplida, su trabajo terminado. Tal es el ejemplo vivo de los grandes Iniciados, de los Elegidos, de los Benditos, de los Santos, como Moisés, Budha, Krishna, Orfeo, Hermes y Jesús.

Y en menor escala, todos aquellos que de una u otra manera prestaron un gran servicio a la humanidad, como: Jean Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja Internacional. Florencia Nightingale, la enfermera inglesa, popularmente conocida como la “Señorita de la lámpara”, que a pesar de su cuna aristocrática prestó servicios en la guerra de Crimea (1854-1856), en los hospitales militares.

Clara Barton, que se distinguió en la asistencia de los heridos en la guerra civil americana (1861-1865) y sacrificó su fortuna personal en obras de beneficencia. Elsa Brándstróm, que ayudó mucho a los prisioneros de guerra en Siberia, que padecían horriblemente de frío, de hambre, faltos de ropa y albergue, y fundó en Sajonia un asilo de niños. Pasteur, con sus notables investigaciones antirrábicas que tantas vidas han salvado. Nobel, el fundador del prestigiado y codiciado premio que lleva su nombre y que es un poderoso estímulo en los estudios, investigaciones y trabajos de literatura, de medicina, de química y sobre la paz.

Tomás de Aquino, el monje dominico, autor de la monumental obra “Suma Teológica” y reputado como “El Príncipe de los Teólogos” y también como “El Doctor Angélico”. Francisco de Asís, que con su vida verdaderamente ejemplar echó recios cimientos en los muros de la Iglesia Católica y fue un paladín de altos ideales espirituales. Fue el fundador de la Venerable Orden
de los Franciscanos.

Teresa de Ávila, la dinámica monja carmelita, autora de varios libros religiosos y fundadora de innumerables conventos. Y tantos y tantos más que han ofrendado su vida en una noble y altruista misión en pro de la humanidad. Si una simple vida de éstas alcanza proporciones gigantescas e ilumina a la humanidad por siglos, ¿qué será cuando tres vidas de éstas se ofrendan en sacrificio? En proporciones mucho menores, en un plano de humildad y sencillez, pero intensamente sincero, cada uno de nosotros debería realizar tres hechos nobles, altruistas, desinteresados, por algo o alguien, cuando menos, en vida, para hacer que nuestra cruz se aligere y brille.

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