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En la mitología irlandesa, Tara es la capital de Irlanda, situada en la provincia de Midhe, en una colina del centro de este país celta. En un pasado lejano, Irlanda se divide en cuatro provincias regidas por monarcas y su séquito de druidas asentados en esta ciudad. En Tara se celebran todas las asambleas religiosas, políticas, judiciales, y la entronización de los reyes. Esa última es la oportunidad de banquetes excepcionales llamados “festín de Tara”.

Es posible que Tara haya sido fundada a principios del Neolítico, cuando la población local empieza a erigir más construcciones megalíticas. Estas construcciones en forma de círculos son todavía visibles hoy en día, lo que hace de Tara un sitio arqueológico excepcional de una extensión de dos kilómetros. Las huellas de una presencia humana de 3000 años de antigüedad, puesta de relieve durante el descubrimiento de este sitio en el siglo XX, abundan en las colinas de Tara, a unos cuarenta kilómetros de Dublín.

La edad de oro de Tara corre del siglo IV al XI. Desde aquí los monarcas rigen el funcionamiento de toda la isla. La leyenda también dice que es en Tara que se reúnen el rey Lóegaire y San Patrick. Este le convence, un trébol en mano, de la pertinencia de la Trinidad. Una vez convencido, Lóegaire autoriza San Patrick a iniciar la evangelización de la Isla Verde.

Otra anécdota de la mitología celta y la historia irlandesa relata que el 15 de agosto de 1843, es en Tara que el nacionalista Daniel O’Connell, conocido como “el rey sin corona”, organiza una reunión simbólica gigantesca de 250.000 personas para la revocación de la Unión con Gran Bretaña. Pero el nacimiento de la República de Irlanda tendrá que esperar unos años más.

En Irlandés, Tara, “Teamhair Ri na”, significa la colina de los Reyes. Desde hace milenios éste es un lugar de poder, un geógrafo diría que es una alargada elevación caliza de escasa altitud, situada cerca del río Boyne, en el condado de Meath, en la provincia histórica de Leinster. Un historiador añadiría que esta Colina fue el centro político y espiritual de la Irlanda celta y que probablemente también gozó con anterioridad de tanta importancia, tal como parecen señalar los hallazgos arqueológicos del Neolítico, así como la leyenda que sitúa a Tara como capital de los Tuatha Dé Danamm (un pueblo anterior a los celtas).

A su alrededor se extienden numerosos monumentos antiguos, como Ráith na Rig (la Fortaleza de los Reyes, también conocida como el Recinto Real): se trata de una fortificación de la Edad del Hierro de casi 1.000 metros de circunferencia, en cuyo interior destacan dos anillos de piedras tangentes conocidos como Teach Chormaic (la Casa de Cormac) y Forradh (el Asiento Real). En el centro del Forradh, en la cima de la colina, se yergue la Lia Fáil (la Piedra del Destino), en la cual eran coronados los Grandes Reyes de Irlanda. La leyenda sugiere que la piedra debía rugir tres veces si el aspirante al trono era el verdadero rey.

En Tara se encuentra también una pequeña tumba de corredor neolítica, conocida como Dumha na nGiall (el Montículo de los Rehenes), que data del año 2000 a.C. aproximadamente. Su corto pasillo está alineado con la puesta de sol del 8 de noviembre y del 4 de febrero, que son precisamente las fechas en las que se celebraban las antiguas fiestas célticas de Samhain e Imbolc. Este hecho ha abonado la polémica científica: ¿los celtas llegaron aquí antes de lo que se venía creyendo o las festividades celtas fueron heredadas de anteriores pobladores? Existe pues mucho misterio todavía en estas tierras.

Entre otros monumentos, podemos destacar Ráith na Seanadh (el Anillo de los Sínodos), la Sala del Banquete (que parece ser en realidad una avenida ceremonial que conduce hacia el sitio en cuestión), las Trincheras en Pendiente y el Fuerte de Gráinne.

Cuando los celtas establecieron su sede en la colina, ésta se convirtió en el lugar desde donde los reyes de Meath gobernaron la isla con un status casi divino. Junto a la influencia política como capital, Tara parece haber conservado una influencia religiosa que fue disminuyendo debido a la labor de San Patricio, el evangelizador de Irlanda. Sin embargo, el papel emblemático de Tara dentro de la política irlandesa sobrevivió al paso de los siglos: Durante la rebelión irlandesa de 1798 los United Irishmen (Irlandeses Unidos) establecieron un campamento en la colina, pero fueron atacados y derrotados por las tropas británicas el 26 de mayo en la denominada batalla de la Colina de Tara. La Lia Fáil fue movida entonces para marcar las tumbas de 400 rebeldes que murieron allí aquel día. Por otra parte, el 15 de agosto de 1843 el parlamentario Daniel O’Connell, líder del movimiento para la emancipación católica, convocó una manifestación en la Colina de Tara, que reunió a un millón de personas.

Fuentes: Vincent Hilaire, nathair.blogspot.com

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