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@KaremBarratt

Wiccan girl book

A primera vista, el wiccanismo o Wicca no parece tener más mandamiento que el famoso “Haz lo que quieras mientras no hagas daño.” Esto sin embargo es algo engañoso y grandioso a la vez. Grandioso porque el wiccanismo te trata como un adulto, responsable de todas tus acciones, omisiones, pensamientos, palabras y sentimientos. Engañoso porque a la hora de desglosar el significado del, aparentemente, único mandamiento, nos damos cuentas que se nos está invitando a actuar (o no) de muchas maneras; que en la práctica estamos recibiendo tanto o más mandamientos que las religiones tradicionales. Aunque cada aquelarre o escuela tendrá una versión de diferentes guías o mandamientos, aquí les presento mi interpretación del mandamiento wiccano, que espero les sea de inspiración para crear sus propias pautas ético/morales.

Empecemos con aquello de no hacer daño. Sin ir muy lejos, esto nos indica que, en la medida de lo posible y dentro de nuestras habilidades, debemos evitar que nuestras acciones generen consecuencias negativas. Aquí hay que tomar mucho en cuenta la intención. Como seres vivientes, siempre vamos a tener que consumir a otro ser viviente; tendremos que alterar a la naturaleza hasta cierto punto; ocasionaremos alguna tristeza al que perdió contra nosotros en la competencia por un puesto de trabajo o una medalla olímpica. Si en todos estos proceso, nuestra intención no es causar daño y actuamos desde el honor y le ética, con consciencia y respeto, y reparando lo que sea posible, entonces, desde un punto espiritual, no estamos causando daño.

¿Cómo causamos daño?  Algunos daños son obvios: robar, matar, menospreciar, torturar, abusar, violar, mentir para ganar algo o desprestigiar a alguien, chismear, coquetear con una persona en una relación de pareja, descuidar a los vulnerables a nuestro cargo. Pero en el wiccanismo trabajamos y existimos a diferentes niveles. Al vernos como parte de la naturaleza, cualquier maltrato o negligencia intencional hacia animales, plantas o la tierra misma, es un daño.  Al vernos como parte de la Divinidad, cualquier maltrato intencional hacia nosotros mismos, ya sea de manera física o psicológica, menospreciando nuestro cuerpo, denigrando de nuestro ego, insultando nuestra belleza interior, haciendo a un lado los dones que nos fueron confiados, es un daño. Al entender el poder energético y mágico de los pensamientos, palabras y emociones, cualquier insulto, mal deseo o el aferrarse a emociones negativas como el odio y el resentimiento, en vez de trabajar con ellas para sacar algo positivo, es un daño.

Los mandamientos silenciosos del wiccanismo son escuchados por el corazón y a través de ellos se nos piden mostrar compasión, cuidado, amor, comprensión, tolerancia, caridad, ternura y respeto por todo lo que existe, visible e invisible, incluyéndonos. La Naturaleza es una de las mejores maestras para ver los mandamientos en acción: se toma lo necesario, no se desecha ni malgasta nada, se causa el menor dolor posible a la hora de consumir, se abre espacio para todos, se respetan los ciclos, se trabaja en comunidad. Bajo la óptica humana algunos procesos parecerán crueles –hasta que recordamos que no hay intención de daño y normalmente se realizan para el bien común.  Como receptores de una inteligencia superior, se nos pide más, no menos, en el área de la compasión, el servicio y el amor.

Veamos ahora la parte de “hacer lo que quieras.” Primero, recordemos a quien se le da dicha instrucción o voto de confianza. Es a un  o una wiccana, que se sabe parte del Divinidad; que entiende la extensión de su poder personal y las leyes del universo, incluyendo la del Karma; que se sabe uno o una con la red de Wyrd, con plantas y ninfas, ángeles y cristales, guías y animales. Así que antes de enfocarnos en el carro nuevo y la casa de dos plantas, preguntémonos que realmente puede querer un wiccano. Yo diría que, en principio, una wicca querría explorar y fortalecer su conexión con y conocimiento acerca de la Divinidad y los seres espirituales que nos ayudan y guían. Esta conexión debe llevar necesariamente a la expresión de agradecimiento y alabanza que se impone en otras espiritualidades. Una conexión genuina y fuerte con el Espíritu  hace florecer oraciones, plegarias, himnos y ofrendas de manera natural y personal.

Algo más que querría el wiccano, a mi ver, es un deseo de expresar esa unidad con el Todo a través del amor,  la acción generosa, la búsqueda de la paz, unión y comprensión, el respeto a la diversidad, el aprecio a las lecciones y oportunidades recibidas. Desde el agradecimiento por la experiencia humana, la wiccana buscaría hacer de esa experiencia algo espectacular, enriquecedor, significativo, un chispa de luz que haga del mundo material un lugar un poco más brillante a como lo encontró. Igualmente querría explorar y explotar sus diferentes dones: físicos, espirituales e intelectuales y por ello dedicaría parte de su tiempo al estudio, entrenamiento y practica y encontraría maneras de usar dichos dones para su bien y el bien común.

Luego, si realmente le es necesario para su crecimiento espiritual, para llevar a cabo su misión, para expresarse, para diversificar su experiencia humana, el wiccano se ocuparía de los otros “querrías” como el carro descapotable y la casa en el Country Club. Lo que explica un poco el porqué la mayoría de los wiccanos tienen carros útiles y casas lindas, pero practicas: muchos prefieren usar su energía y conocimiento en lo “querrías” anteriores. Esto en ningún momento indica que los wiccanos juzguen a las personas muy pudientes y se crean mejor que ellos, ni que no tengan abundancia y prosperidad en sus vidas. Es solo que para muchos wiccanos la abundancia va más allá de las posiciones materiales excesivas, porque entienden que una posesión material exige energía, atención, cuidado y preocupación. Dicho lo anterior, es difícil encontrar a wiccanos que vivan en pobreza verdadera o en una situación de carestía –a menos que se estén creando una experiencia humana particular que consideran necesarias para su crecimiento.

Resumiendo, el wiccanismo (a la Karem) encierra en un solo “mandamiento” toda la guía moral y espiritual que permite a sus seguidores vivir una vida plena, ética y significativa, pero lo hace desde la base de la libertad personal y la confianza en la persona. El wiccano que ve en la idea de “haz lo que deseas” una carta blanca para entregarse a los deseos de su yo inferior, es un practicante aun inmaduro, que corre el riesgo de perderse en el oropel de las cosas menos importantes, y en cierto casos, crearse un Karma negativo. Pero en Wicca se tiene fe que, una vez crezca a nivel espiritual y aprenda a escuchar a y confiar en su Divinidad interior, el practicante entenderá las diferentes dimensiones e invitaciones presentes en el “Haz lo que quieras mientras no hagas daño.”

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