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@KaremBarratt

wiccan goddes

(imagen encontrada en gamergirl.hubpages.com/hub/Becoming-Wiccan)

Varios lectores me han preguntado si no doy (o damos) cursos de wiccanismo y aunque por  los momentos la respuesta es no (pero ya la idea me está rondando la mente) si creo que es buena idea expander el conocimiento de esta religión a través del blog. Así que empecemos con lo acabo que de decir: el wiccanismo es una religión. Y toda religión suele tener una teología. Pero, como ya algunos han comprobado, el wiccanismo no es cualquier religión, de ahí el título, “a la Karem,” porque parte de la idea del wiccanismo es que, si bien el conocimiento impartido es válido, mas aun es la experiencia del mismo.

Es la experiencia, la conexión personal que desarrolla la persona en su práctica espiritual, lo que va a dar al final la sabiduría  y los conocimientos relevantes a esa persona. Muchas de las ideas serán afines a las ideas de otros que han recorrido el camino; otras, no tanto. Y esa es la belleza del wiccanismo: da libertad para aceptar lo que resuena en nosotros y nos pide respeto hacia aquello con lo que no nos identificamos, pero que es importantes para otros wiccanos. Así que lo que voy a describir y explicar a continuación viene de mis estudios, experiencias y practicas espirituales. Algunos wiccanos estarán de acuerdo, otros no y eso está bien. Toma lo que sientas te es de ayuda y deja el resto como un interesante comentario, a archivar en la mente junto con otros muchos interesantes comentarios que has escuchado antes.

Entonces, ¿Cuál es la teología wiccana la Karem? Pues, por extraño que parezca, tomando en cuenta la cantidad de deidades, yo creo que el wiccanismo es monoteísta. Solo hay una Divinidad. Esta Divinidad en como un gran diamante de muchas facetas, que lleva en sí misma todo lo que es, fue y será. Esto incluye las dos grandes energías universales: lo femenino y lo masculino y sus respectivas cualidades. Como la Divinidad es todo lo que es, su naturaleza incluye igualmente los opuestos, ying y yang, luz y oscuridad, vida y muerte. La Divinidad es también multidimensional; es pensamiento y materia; el mundo que conocemos es expresión de la Divinidad, quien “vive” las historias de su mente a través de nosotros. Y por nosotros no solo me refiero a los humanos: incluyo hormigas, estrellas, plantas y la fuerza cinética. No hay nada fuera de la Divinidad; no existe nada, excepto la Divinidad.

Ahora, la mente humana tiene una extraña necesidad de hacer cajitas; de etiquetar, poner en anaqueles, categorizar la información que recibe del mundo. Es por ello que desde el principio, los humanos se han sentido atraídos a concentrarse en ciertos aspectos de la Divinidad (las facetas del diamante) para poderla entender y relacionarse mejor con ella. En el wiccanismo, algunos sencillamente se enfocan en lo masculino y lo femenino: el Dios y la Diosa. Muchos están contentos con quedarse con esta idea más bien abstracta y tienen un Dios y una Diosa sin nombres ni mitologías particulares.

Otros wiccanos modernos miran al pasado y ven estas facetas de la Divinidad en los dioses y diosas mitológicos de antiguas civilizaciones y pueblos. Entonces adoptan un panteón y se conectan con los diferentes aspectos de la Divinidad a través de “arquetipos” particulares. Los que siguen el panteón  Greco-Romano invocarán a Zeus y Hera; los que siguen la religión nórdica llamarán a Odín y a Freía; los célticos probablemente a Cernunos y Cerriwen. En este sentido, la religión wiccana tiene mucho en común con la religión Hindú y la de pueblos originarios, como los nativo-americanos. Luego están los wiccanos eclécticos: al percibir a todos los dioses y dioses y como aspectos de la Divinidad, no tienen problema en conectarse a deidades de diferentes panteones, de acuerdo al momento en que estén viviendo, las lecciones que desean aprender, o los trabajo esotéricos que desean hacer.

Algo más que podemos decir sobre la teología wiccana a la Karem, es que es panenteista y animista. Panenteísmo significa que el universo material es parte o está en la Divinidad, pero esta a su vez se extienda más allá de lo material y de lo comprensible para nosotros en estos momentos. Esto responde al misterio científico sobre el universo, el cual, dice la ciencia, se está expandiendo. La pregunta es,  ¿hacia donde se está expandiendo? Para el materialista, no hay respuesta por ahora. Para el wiccano, la respuesta es obvia: hacia los otros niveles de la Divinidad.

Animista significa que todo tiene espíritu, o mejor dicho, comparte el espíritu de la Divinidad. EL árbol, el cielo, tus células, la computadora (así que mejor háblale con afecto) tiene un grado de consciencia, lo entendamos o no. Por ende, el wiccano sabe que, al ser todo y todos parte del Espíritu del Divinidad, todos estamos conectados: el bien o el mal que hacemos a otros nos los hacemos a nosotros mismos. Por lo mismo, todo debe ser tratado con respeto, desde la comida hasta los enemigos. Todos somos uno, y al igual que los dioses, cada uno de nosotros es una faceta del gran Diamante. Por ello compartimos parte del poder de la Divinidad y en la medida de lo que se nos es dado, somos co-participes en la creación de nuestra experiencia en la Tierra. Como también vemos este poder con el resto de la creación, los wiccanos solicitamos la colaboración de plantas, animales, cristales, elementos y demás a la hora de manifestar realidades en el mundo, un proceso que algunos llaman magia.

En el wiccanismo a la Karem, la Divinidad es, en principio, energía. La ciencia ha demostrado que la energía no puede ser destruida, solo cambia de forma o lugar. Al vernos como parte de la Divinidad, entendemos que somos también energía, por ende, no podemos ser destruidos: la muerte es un proceso por el cual nuestra energía cambia y se mueve, para muchos, hacia la fuente original, la Divinidad. Para muchos wiccanos, esa partícula de energía que es cada quien, es reconstituida nuevamente en el plano material, para continuar siendo vehículos a través del cual la Divinidad se experimente así misma. Por ello, los wiccanos en su mayoría creen en la reencarnación y mucho en la ley del karma.

El karma difiere un poco en el wiccanismo a la Karem con respecto a la idea general: no es en sí un castigo impuesto debido a nuestras malas acciones por algún “poder mayor.” Son lecciones que nosotros mismos nos imponemos, antes de nacer, porque sentimos que no fueron aprendidas en la vida anterior, porque deseamos experimentar algo para nuestro crecimiento espiritual, como colaboración en la experiencia de otra alma (normalmente cuando hacemos de adversarios), o como modo de compensación por acciones anteriores. Como muchos sabemos, a veces somos nuestros jueces más severos y de ahí que muchas experiencias sean  particularmente intensas. Para algunos wiccanos, el día llegará en que todas esas chispas de energía que somos se “fundirán” en la fuente de la Divinidad para siempre. Otros creen que todo es cíclico y la Divinidad crea, sustenta, destruye y vuelve crear, así que eventualmente todos volveremos a tener otra ronda en la dimensión de la “manifestación.” En ambos casos, la mayoría de los wiccanos cree en una especie de cielo, a donde vamos al morir y que es en realidad nuestro verdadero hogar, llamado antiguamente, las Tierras de Verano.

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