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@KaremBarratt

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Ayer, durante el seminario interfé, hicimos una meditación para contactar a un ser de luz y hacerle algunas preguntas. No sorpresivamente, el ser que vino a mi tenia la forma del Ermitaño de las cartas del Tarot, aunque cuando se quito la capucha, la idea que me vino es que parecía más un dios antiguo… ¿Odín quizás? En cualquier caso, le hice la pregunta que me había estado rondando la mente por largo tiempo: ¿Cómo se, al pedir guía espiritual, que la voz que escucho es la voz de la Divinidad?

“Por las campanas, por supuesto,” dijo Odín/Ermitaño. “cuando escuchas la voz de Dios, se abre un espacio entre tu corazón y tus alas (espalda) y te haces un campanario: la verdad resuena en ti, te llena y te mueve. A veces las campanas son suaves, como cascabeles y entonces sientes alegría e inocencia. Estas campanillas normalmente te recuerdan a andar con paso ligero por esta tierra; a tratarte y a tratar a los otros con gentileza; y a encontrar belleza y valía en todas partes a tu alrededor. Esta es la voz que te pide que seas como los lirios en el campo; que visites a la abuela y llames a la tía Eulalia; que cantes solo porque cantar te hace feliz y la felicidad es tu estado natural.

En ocasiones las campanas tienen un tono profundo, lento, grave. Son un llamado de la diosa a detenerte y reflexionar acerca de tus pensamientos, palabras y acciones. Es un recordatorio acerca de tu naturaleza divina que pide que saques a la luz la dignidad de los dioses; que ves la chispa de Espíritu dentro y fuera de ti y actúes de acuerdo a esa verdad. Estas campas repican para que abras los ojos y veas las cosas que te están desviando de tu camino. Nos dan la oportunidad a re-examinar el mapa y corregir la ruta a nuestro destino.

También están las campanas alegres de las boda, diciéndonos que, en cierta manera, todos estamos casados con todos y que el propósito de esta vida es hacer que el matrimonio de la humanidad funciones, haciendo de muchos uno, convirtiéndonos en un diamante de muchas fases, cada una única, cada una parte del todo. Luego están las campanas de alarma, llamándonos a ser guerreros de luz y proteger a los vulnerables.  Y después están esas campanas nostálgicas que repican sobre campos santos los domingos en la tarde, pidiéndonos que aceptemos lo que no podemos comprender y tengamos confianza en la sabiduría y el amor de la Señora y el Señor de la Vida. Y no olvidemos a esas campanas impacientes a la hora del almuerzo, recordándonos que debemos alimentarnos antes de seguir con nuestro día a día.

Así que la voz del Espíritu nos llama a nutrirnos de la substancia divina que solo  Dios provee; a aceptar y confiar a pesar de no poder comprender; a buscar unión, amor, comprensión y reconciliación con otras almas y hacer que este “matrimonio” humano funcione; a abrir los ojos y ver la divinidad en nosotros y en los otros; a ser alegres, gentiles e inocentes y llenar nuestros vacios campanarios con la reverberación de la voz del Espíritu y hacerlos vibrar con vida.”

“Confía,” dijo Odín/Ermitaño, “que la campana de la verdad resuena en ti. Te llamara desde los lugares a donde debes ir y llamara a ti a lo que necesita venir.”

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