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SIMBOLISMO VEGETAL

SIMBOLISMO VEGETAL

Aquellos que pasaran por el tronco hueco de los árboles del bosque, serian preservados de todas las enfermedades y todos los males. Y, en el caso del roble, se hacía tan patente su carácter totémico que se le consagraba al dios celta Dagda, el cual era una deidad creadora que encarnaba el principio masculino, mientras que el principio femenino sería detentado por el muérdago. Sólo los druidas -poderosos sacerdotes galos-, con sus podaderas de oro, y revestidos con túnicas blancas, en una ceremonia plena de pompa y boato, podían cortar y recoger el muérdago que crecía apegado a los robles. La ceremonia iba presidida de un ritual consistente en sacrificar toros blancos a los dioses, también la tela en la que se depositaba el muérdago podado debía ser de color blanco. Había también otras plantas que se utilizaban para curar las enfermedades contraídas por algunos animales y, para recogerlas, se hacía necesario seguir un ritual consistente en utilizar sólo la mano izquierda, guardar ayuno y no mirar a la planta en el momento mismo de arrancarla. De lo contrario, no surtiría el efecto deseado. El roble, por lo demás, aparecía entre el celta cargado de simbolismo y, por lo mismo, representaba la buena acogida, la tutela y el apoyo.

SIMBOLISMO ANIMAL

También los animales eran objeto de culto y veneración entre los galos. Algunos grupos tribales llevaban el propio nombre de un determinado animal para, así, mostrarle la veneración y el culto debidos. Por ejemplo, la tribu de los «Tauriscí» recibía ese nombre porque sus componentes estaban considerados como «los hombres y mujeres del Toro». Los «Deiotarus» pertenecían al grupo del Toro deífico. Los «Lugdunum» eran llamados así porque habitaban en la colina del cuervo. Los «Ruidiobus» aparecían asociados al jabalí y al ciervo. La tribu de los «Artogenos» era un pueblo ligado a la existencia de animales como el oso. Y hasta había una diosa que recibía el nombre de «Artío», y aparecía representada con la figura de una osa. Lo cierto es que existen numerosas representaciones artísticas que muestran la importancia que, entre los celtas, adquiriría el totemismo animal. También abundar una especie de legislación no escrita, que es una consecuencia directa de esta consideración sagrada de los animales, por la cual los pobladores celtas se mostrarán escrupulosos a la hora de conseguir sus alimentos. Por ejemplo, entre los celtas no se consumía carne de caballo, puesto que éste era uno de los animales considerados sagrado, y exclusivamente destinados a menesteres bélicos. Animales como la liebre, eran utilizados por los pobladores galos con fines relacionados con la predicción profética y la visión futura. También el pollo, el gallo y la gallina eran animales venerados por los galos, y su carne no podía comerse.

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