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@KaremBarratt

les miserables cosette

Uno de los conceptos que más me ha costado entender en mí caminar espiritual es el de la gracia divina. En principio se define como un regalo que se recibe sin haberlo merecido, tratando de explicar el amor de la Divinidad hacia nosotros simples mortales. Ahora, será mi ego, mi orgullo o vaya a saber usted qué, pero ese concepto siempre me ha caído mal.  Será que me gusta pensar que hay algo en mi que es amable, querible, especial. Por otro lado, que alivio saber que no tienes que hacer nada especial para recibir esa gracia, tomando en cuenta todas las metidas de pata que cometo a diario. Aun así…algo en el concepto no me cuadraba, no tenía sentido para mi, hasta hace unos pocos minutos, en que de repente mi cerebro o mi alma hicieron “Pling” cual copita de cristal.

Soy una fanática de los musicales y estaba escuchando la música de Los Miserables, preparándome para el próximo estreno de la película aquí en Inglaterra. Revisando la historia, caí en cuenta que el personaje de Cosette parece recibir constante gracia divina. Cosette no hace nada en particular, pero por ella sacrifica la vida su madre, un extraño se arriesga para rescatarla de los malos tratos y darle una oportunidad en la vida, un joven valiente casi  abandona una revolución, un padre se lanza a una batalla. No sé cómo será el personaje en la obra literaria de Víctor Hugo, pero en la obra musical no se dice mucho de Cosette que la haga particularmente valiosa. Es valiosa simplemente porque si: porque existe, vive y respira. Su humanidad misma y toda la promesa guardada en ella la hacen merecedora de los esfuerzos que recibe por parte de otros.

Pero estudiando la obra musical un poco más profundamente, me di cuenta que Cosette, con su sola existencia, ofrece igualmente gracia a aquellos que se la ofrecen a ella. En Cosette encuentra fortaleza Fantine, su madre, para luchar contra las miserias de la vida. En Cosette encuentra Jean Valjean, su padre adoptivo, inspiración, alegría y valor para llevar una vida decente y de provecho. En Cosette encuentra el idealista Marius humildad, aprendiendo que no se es tan fácil ser revolucionario cuando hay cosas o personas que perder en la lucha. La sola existencia de Cosette inspira coraje, fuerza, alegría, esperanza y amor.

Cosette me ha hecho pensar sobre nuestra relación con la Divinidad y su gracia. Puede que sea cierto que la Divinidad nos regala su gracia solamente porque si, porque le provoca hacerlo y no porque nos las hemos ganada. Pero creo, que a nuestra manera, nosotros también le regalamos algo a la Divinidad: creo que con nuestra existencia, con nuestro potencial y con nuestra fragilidad, le regalamos a la Divinidad, a ese ser descrito como Amor, a alguien a quien amar.

La creación, el universo, la vida entera, nosotros incluidos, somos la Cosette del Espíritu y en nosotros este encuentra expresión para su belleza,  su ternura,  su paciencia,  su capacidad de entendimiento, aceptación y perdón,  su esperanza,  su alegría. Somos los amores del Amor. Somos los regalos que el Amor se dio a sí mismo, porque, ¿de qué sirve ser Amor si no se tiene a quien amar? La gracia divina, no es, en mi opinión, un regalo inmerecido: es nuestra realidad, nuestro sustento, nuestro derecho de nacimiento, como tiene derecho el bebé a la leche de su madre. Y una vez que reconoces esto, no puedes más que dar amor, regar amor, sentir amor, ser el amor de la Divinidad, incluyendo sus otras manifestaciones, plasmadas en el mundo en que vives. Y bajo este estado de gracia divina, cobra inmensa verdad la última frase en la obra de Los Miserables: amar a otra persona es ver el rostro de Dios. Y el que ve el rostro del Espíritu, vive y camina en eterna gracia.

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