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@KaremBarratt

Divine child  Jesus

Independientemente de la espiritualidad que practiques, no cuesta mucho ver que la imagen del niño sagrado, nacido en la naturaleza, muchas veces anunciado como un ser especial, y en ocasiones perseguido por el mal, es más universal y antigua de lo que originalmente se cree. En el mundo pagano europeo, las fechas entre el 21 y el 25 marcan el re-nacimiento del Dios, ya sea como Sol Invictus o Dios de la Naturaleza, parido literalmente de las entrañas de la Tierra. En la mitología Greco Romana, tanto el dios Mercurio, como los dioses Apolo y Diana y el semi-dios Hércules nacen en cuevas o en medio de la naturaleza. El dios egipcio Horus también nace en una cueva, después que su madre Isis huye del malvado Set, quien desea matar al bebé. El dios pre-cristiano Mirtras nace el 25 de diciembre, ya sea de una piedra o en una cueva, dependiendo del mito que se lea.

En la mitología del dios Krishna, hay una anunciación por parte del dios Visnú; el bebe divino nace en una prisión y luego escapa, protegido por una serpiente de varias cabezas. En el caso de Buda, su madre tiene un sueño, los brahmanes lo interpretan y anuncian la grandeza del hijo por nacer. Poco antes del parto, la madre decide viajar a su pueblo de origen, pero a mitad de camino da a luz, algunos mitos dicen que en una cueva, otros que debajo de un árbol. En la iconografía actual se presente la idea del pesebre como un establo o un edificio de madera; pero en la antigua  Palestina, muchas cuevas eran utilizadas y adaptadas para albergar animales y resguardarlos del frio. Así que de acuerdo a la mitología cristiana (ya hasta el Papa reconoce que la historia de la Natividad es mítica) es probable que Jesús haya nacido también en una cueva.

divine child Krishna

Simbólicamente hablando, tanto las cuevas como las serpientes, las flores y los arboles, están relacionados con el aspecto femenino de la Divinidad, la Diosa. Estos bebés no solo son gestados por madres, si no recibidos por la Madre mayor. El que nazcan en la diosa (cueva/naturaleza) es un recordatorio de que estas criaturas, divina y humanas a la vez, han venido para vivir en esta dimensión y ser parte de ella. Siendo la Diosa materia y espíritu a la vez, ella ofrece un espacio amoroso en que ambas naturalezas puedan prosperar.

Cuatro de los mencionados, Hércules, Krishna, Buda y Jesús, nacen como seres humanos, pero durante su vida tienen poderes especiales, conocimiento de su naturaleza sagrada y a su muerte recobran su esencia puramente Divina (esta idea varia un poco con Buda, a quienes algunos ven solo como un hombre y otros como un dios). A por lo menos seis se les ha llamado Luz y Salvador del Mundo (Sol Invictus, Horus, Mitras, Krishna, Buda y Jesús) Todos han sido en cierta forma protectores, maestros y guías para la humanidad. En sus historias, los bebés sagrados nos recuerdan que todos somos salvadores de alguien, así sea de nosotros mismos. Todos tenemos dones que compartir con el mundo. Y todos tenemos a alguien o a un algo que nos sostenga, si se lo permitimos. También nos enseña que todos tenemos nuestros propios peligros y tentaciones que  superar y pruebas que experimentar para dejar salir nuestra divinidad.

 divine child buda

Espiritualmente hablando, el bebé divino es la consolidación y perfecta unión del Dios y la Diosa, de lo femenino y masculino. El niño sagrado une en sí mismo, como en una cruz, el eje que va de arriba hacia abajo (el espíritu bajando a la materia) y el eje transversal (la materia que se extiende mas allá del individuo, porque todos estamos conectados, no solo con nuestra especia, si no con todo lo que es). El niño sagrado es ese punto que nos hace verdaderamente humanos, eso que se crea en la unión entre el alma y el cuerpo.  

El bebé sagrado también representa la esperanza que llega no solo con cada vida, si no con cada día. En la mitología egipcia, el sol literalmente nacía y moría cada 24 horas. Cada suave amanecer es un límpido nene y trae consigo promesas y esperanzas para aquellos dispuesto a arrodillarse ante él y dejarse bañar por su rosada luz. En la historia de la Natividad, nosotros somos todos los actores: somos los padres que se inclinan para acunar y proteger este nuevo comienzo; somos los pastores que encontramos en esta pureza inspiración para decir: hay posibilidad, hay salvación, hay alegría; somos los reyes magos, poniendo nuestros talentos a la orden de esta nueva esperanza; somos el burro y el buey, proveyendo calor y movilidad; y somos el niño sagrado, porque en todos nosotros hay un luz inapagable, que se renueva a cada instante y nos hace estrella en la oscuridad.

Divine child Pagan

Pero la imagen del bebé sagrado ofrece algo más: ofrece ese silencio, esa paz que nos saca del tiempo, del ego, del mundo y nos coloca en un espacio de perfecto amor. Todo aquel que se ha detenido a ver o a sostener un nene dormido sabe a lo que me refiero.  Y es en este espacio  que  los seres humanos normales, los que no somos místicos, ni maestros, ni profetas,  llegamos a entender y a sentir, mental, física y emocionalmente, lo que es comulgar con Dios.

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