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@KaremBarratt

Hasta ahora hemos visto algunas sugerencias de lo que hay que dejar de hacer para encontrar de nuevo la alegría y la esperanza en nosotros. Ahora veamos unas cuantas ideas para despertar ese optimismo latente en ti.

1) Cuentas tus bendiciones. Parece un poco obvio pero es algo que se olvida fácilmente. Particularmente si perteneces a cierto estrato social, puedes tener la tendencia a dar varias cosas por sentadas. Esa agua que sale del chorro de tu lavamanos todavía hay que buscarla con tobos en algunas partes del mundo, incluyendo, probablemente, tu ciudad. La tía Josefina que te da una mano con los muchachos no se encuentra en todas partes; el vecino que está dispuesto a bajar contigo al maletero porque tienes una caja muy pesada que mover es, en muchas ciudades, una joya tan rara como un diamante azul. Ese abrazo que te da tu hija adolescente es un deseo que muchas madres quisieran tener pero carecen. Así que elabora tu lista, desde lo material hasta lo espiritual; desde lo estético hasta lo práctico; desde lo cotidiano hasta lo inusual y verás cuan rica eres y bendecidas estás.

2) Aprende del pasado. Si miras el ayer sin apasionamientos, con la mente clara y ecuánime de un historiador profesional, descubrirás entres otras cosas que tanto a nivel de tu historia personal como la de tu país y la de la humanidad entera, hay patrones que se han  repetido con el tiempo. Ver como se lidió con dichos patrones puede inspirarte lo que hay que hacer o dejar de hacer para enfrentar de mejor manera la situación actual. Ver como ya superaste un momento parecido al de hoy o como lo hicieron otros, te recordará esa fortaleza interna que tenemos los seres humanos. También te ayudará a superar el romanticismo adolescentes que pinta al ayer de color de rosa y quizás te permita ver el origen de las convicciones y percepciones que tienen hoy tus adversarios.

3) Encuentra inspiración. Soy de la opinión que la Divinidad esta gritando a viva voz hasta debajo de las piedras y si te abres a escucharla, esa voz te llenará de ideas, de paz, de valor, de sabiduría, de pasión, de compasión, de verdades, de futuros y de esperanzas. Pero la Divinidad no habla solamente desde templos o libros sagrados; encuéntrala en películas, libros, series televisivas. Encuéntrala en esos videos de YouTube donde gente común hace cosas, grandes y pequeñas, que te hacen sentir feliz de ser humana. Encuéntrala en la calle, en la persona que se detuvo a ayudar a otra a pesar de la prisa. Encuéntrala en tu genética, en las anécdotas familiares. Encuéntrala en las artes, en la política, en la economía. Encuéntrala en talleres, seminarios y escritos de crecimiento personal. Y más que nada, encuéntrala en ti, en esa voz chiquita que a menudo haces de lado por disparatada, inoportuna o ingenua. Encuéntrala en ese silencio que queda al terminar tu oración. Y acepta dicha inspiración por lo que es: un regalo, una semilla de posibilidades por la que vale la pena esforzarse.

4) Valórate. Es un poco difícil ser optimista si no ves lo especial en ti. Así como hiciste tu lista de agradecimiento, has una lista de tus cualidades, de lo que tienes que ofrecer al mundo. Quizás no tengas un título universitario, pero tienes un oído a amigo que ha consolado a más de uno. Quizás no sea la más inteligente de la clase, pero sabes detectar cuando alguien miente o se siente mal. Y pocos tienen tu sazón o tu don de expresar lo rica que quedó una comida. Esa tenacidad de explicarle la tabla de multiplicar del 8 a tu hijo vale oro; esa fortalece para repetir el informe financiero por tercera vez porque no te dieron todos los datos a tiempo sin explotar habría que embotellarla y venderla. Una vez que terminas observa tu lista. ¿Cómo no va a ser optimista una persona que tiene tanto en si misma? Quizás haya que canalizar, adaptar, modernizar, pero el material está ahí, ahora a trabajarlo.

 Antes de terminar aquí, tengo que hacer una nota aparte. En el proceso de auto valoración no te compares con más nadie. No compares ni tus habilidades, ni tus experiencias, ni tus circunstancias. Cada persona es única a su manera. Única también es la misión que vino a cumplir, su manera de ver al mundo, su aporte a la vida. El pez que enfoca su atención en la manera en como vuela un pájaro sin valorar el poder de sus aletas está destinado a ser un infeliz en esta vida.

5) Ánclate en la alegría. Los ingleses tienen un dicho: pretende hasta que se haga verdad. Con esto no quiero decir que pretendas estar alegre cuando no lo estés, si no que abras espacios en tu vida a “practicar” la alegría. Ve comedias sanas, musicales, películas con finales felices. Aprende chistes (de nuevo sanos que no hay nada de alegre en burlarse de los demás) y compártelos, sin tomar muy apecho si la gente los encuentra graciosos o no. Canta. Baila. Reúnete con amigos. Practica el yoga de la risa. Planea eventos para otros, como fiestas, sorpresas, aventuras y observa sus rostros de alegría. Observa a niños pequeños compartir en el parque y juega con un perro. A que se te sale la sonrisa voy.

6) Actúa desde tus sueños. No dejes esas chispas de inspiración en “veremos”. Elije la que más te llena y comienza a realizar las acciones que conviertan a la idea en forma lo más pronto posible. Recuerda, la Divinidad te confía una idea, pero si ve que no estás haciendo nada para hacerla realidad, pues se la ofrece a otro más dispuesto. Y aunque siempre hay que tomar en cuenta posibles complicaciones, pon la fuerza de tu energía y concentración en las posibles soluciones a dichas complicaciones. No te enfoques tanto en el resultado como en el proceso. Es ahí en donde está el verdadero regalo. Después de todo, una vez lograda la meta, lo que queda son las lecciones que obtuviste durante tu viaje hacia ella. Esto te permitirá vivir en el presente, en el único momento real que existe.

7) Confía y sométete. Ah, esta es la parte difícil de todo el meollo. Estoy escribiendo bajo el supuesto de que crees en algún tipo de poder superior, sea como llames al Dios de tu entendimiento. Hasta ahora no he encontrado la primera religión o espiritualidad que no te pide que confíes en la Divinidad (que no es lo mismo a no hacer nada esperando que la Diosa haga todo por ti). Para ser optimista debes confiar que en algún momento, en algún lugar (y en mi opinión, con tu participación) se creó un plan de vida para ti. Y cada risa y cada lágrima tienen su razón de ser. Y cada trancazo con una piedra no es una penitencia, si no un llamado a crecer, a dar, a detenerte y pensar, a girar de cursos, a escuchar la voz interna, a superar los miedos y egoísmos humanos, a anclarte en lo mejor de ti, a pulirte y fortalecerte y ser la obra maestra que Dios un día soñó al pensar en ti. Si algo no se te está dando, no es porque se te está castigando. Quizás no sea lo que necesites en este momento; quizás sea para cultivar una cualidad o deshacerte de una actitud que no te es de provecho. Si la situación continua, es un claro mensaje de que algo tienes que cambiar. Pero si confías en el amor y sabiduría de la Divinidad y te sometes a la situación, aceptándola primero sin prejuicios y luego viendo cómo superarla o adaptarte a ella, todo está bien. Todo va de acuerdo el plan. Y aunque no sea tu situación favorita, puedes encontrar optimismo (y fortaleza) en el conocimiento de que es lo mejor para ti por ahora y que una vez aprendas lo que debes aprender, las cosas, interna o externamente, cambiarán para mejor.

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