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@KaremBarratt

Una de las paradojas que he observado de esta aventura loca llamada vida, es que a menudo son los que acaban de salir de la oscuridad los que parecieran tener menos paciencia, empatía y compasión para los que todavía están a obscuras. Si son personas que han salido de la pobreza, ven a los que están en ellas como flojos, en el mejor de los casos, o sin vergüenzas, en el peor. Si son inmigrantes ya nacionalizados, ven a los recién llegados con problemas de adaptación como personas con mentalidad de “getto.” Si son personas que sufrieron discriminación, sea política, racial, religiosa o de  cualquier otro tipo, apenas tienen un cierto grado de poder, comienzan a practicar la misma discriminación, pero a la inversa.

Costaría encontrar la proverbial aguja en el pajar lograr que estas personas se vean a sí mismas como resentidas, vengativas o duras de corazón. La razón que muchas esgrimen, en sus muchas variaciones, es que si ellas pudieron, ¿por qué no los otros? Después de todas, a ellas nadie les dio una mano: tuvieron que luchar con uñas y dientes sin ayuda para estar en donde están y si tienen lo que tienen es porque se “hicieron solas.” Ejem…

El mito del “me hice solo” debe ser uno de los mas prevalecientes del siglo XX y el nuevo siglo XXI. Después de todo, es una buena historia que muestra la fortaleza y el empeño del espíritu humano y lo que este puede lograr. El problema es, que no es cierto. 

Quizás nos veamos como un Rocky Balboa, ese boxeador casi tartamudo que salió de la nada y se lo ganó todo a fuerza de morados. Si estudiamos la mitología de Rocky detenidamente, sin embargo, veremos que es una mezcla de acciones propias con influencias ajenas. Su historia comienza con una agente externo, Apolo, queriendo hacer algo llamativo para darse publicidad. Es cierto, Rocky toma la oportunidad, pero ¿hubiera llegado tan lejos sin el hermano de Adriana que le brindó la oportunidad de entrenar en la carnicería o sin el entrenador mal humorado que lo hizo perseguir gallinas? ¿Sería Rocky el mismo sin el amoroso apoyo de Adriana, sin la extraña amistad que desarrolló con Apolo, sin el hijo que resiente su fama? ¿Y qué sería de Rocky sin los retos que le pusieron en el camino el Sr. T y el ruso- cuasi robot de fría mirada?

La espiritualidad neo-pagana nos enseña que todos somos parte de la red de Wyrd. Todos estamos conectados y todos somos parte del tapiz de la vida. Nadie nace solo o se hace solo. Es cierto que tenemos (una vez que lo descubrimos) el poder de reaccionar de cierta manera o no a eventos de nuestra vida. Pero esto se da gracias a, o a pesar de, las enseñanzas y filtros que hemos adquirido o desechado a lo largo de nuestra aventura humana. Cada persona que se ha atravesado en nuestro camino nos ha brindado algún tipo de oportunidad: desde el consuelo necesario, al reto a superar, a una experiencia que nos hace descubrir algo más sobre nosotros mismos. La Madre  Gaia también nos enseña que el ciclo de la vida exige que demos de vuelta, de alguna forma, lo recibido. El león que comió gacelas alimentará con su cadáver a la hierba que otras gacelas comerán. Las plumas de los halcones serán usadas como nidos por los ratones de campo que son su presas. Y las abejas pagarán el precio del polen para su miel esparciéndolo a otros campos para dar vida a otras flores.

Más que un algo estático, nosotros somos un continuo proceso en la red de Wyrd. Traemos un cierto plan karmático a experimentar por un lado; por el otro, somos receptores de otros planes karmáticos; y en el camino de la existencia, podemos cambiar parte del plan original, liberar cierto karma y adquirir otro. Pero lo cierto es que para que la experiencia humana se de, necesitamos de los otros, así como ellos necesitan de nosotros. Este proceso es los que los africanos llaman Ubuntu y sin el cual, no se es realmente humano.

 Decir que “nos hicimos solos” es negar la existencia de la tía que nos cuidó un día que los padres tuvieron que trabajar tarde; del vecino que nos dejaba coger naranjas de su huerta y nos proveía, inconscientemente, de una buena dosis de vitamina C. Es negar la existencia de la amiga que nos trajo los apuntes el día que faltamos a clase; es renegar de ese traje prestado para una entrevista de trabajo; de ese buen comentario que alguien hizo en la oficina sobre nuestra labor y que llegó a los oídos del jefe. Es quitarle importancia a la abuela que cuidó nietos en las tardes para que nos pudiéramos enfocar en crear una carrera o los mensajes de aliento que enviaron familiares y amigos mientras tratábamos de echar raíces en otro país. Es rehusarnos a ver las sutiles puntadas que la Divinidad dio en el diseño de nuestro tapiz; el abrazo que nos otorgó nuestro guía espiritual en un momento de oscuridad; la estrellita que mostró el hada/ángel/genio de la guarda cuando vimos todo obscuro.

El que se cree que se hizo solo pocas veces expresará agradecimiento sincero porque en realidad piensa que no le debe nada a nadie. Y al no sentirse parte de la red de Wyrd muy difícilmente podrá conectarse con el Ubuntu y la familia universal que provee Gaia, que nos hace primos del banano y del colibrí. Quizás ayude a chicos pobres y probablemente se le arrugue el corazón al ver a una linda foquita ser asesinada por su piel. Pero el que se cree que se hizo solo raras veces sentirá al diferente a él como un compañero de viajes espiritual al cual respetar y apreciar o encontrará en la lombriz algo hermoso que cuidar. Y en ocasiones, el que se cree que se hizo solo terminará de esa manera, física y/o espiritualmente, porque nunca se sintió completamente parte del héroe colectivo que es la humanidad.

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