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Primero pensé que era ideas mías. Después de todo, cuando uno tiene cierta inclinación, tiende a ver todo desde esa perspectiva. Pero a medida que la ceremonia de clausura de los Juegos Paralímpicos continuaba, me era más obvio que estaba observando una celebración neo-pagana.

Cual ritual  druida o wiccano, se comenzó invitando al espíritu de los puntos cardinales, norte, sur, este y oeste. Luego se invoco la esencia del viento, del agua, de la tierra y el fuego. Y luego se unió a esta mezcla mágica, el espíritu humano, formando metafórica y esotéricamente un pentagrama espiritual.

Cuando vi el programa oficial que después trajo mi esposo, vi que no era casualidad. Gran Bretaña quería honrar su herencia pagana y en papel hablaba claramente de festivales como Imbolica y Beltana, además de los equinoxios. Durante el acto, se celebró la rueda de las estaciones del año, como reflejo de la manera en que todos estamos conectados a la Madre tierra y como nuestra vida pasa por etapas.

Todo el ambiente era tribal: tambores, fuego, danza, música, un sentido de libertad y aceptación que traspasaba a los artistas y convertía al público en parte del ritual. La imagen del otoño era tan claramente el dios pagano llamado a veces el hombre verde o Jack el verde, que me sentí como lo haría un hindú en el festival de los colores o los musulmanes en su peregrinación a Meca.

Pero el espíritu pagano estaba más allá de lo claramente identificable. Estaba en los carros, antiguas chatarras, reconstruidos amorosamente en impresionantes criaturas de fortaleza y color –alusión clara a los atletas discapacitados, si, pero también a la creencia pagana de que nada muere; que la energía solo se transforma. El mensaje ambientalista de reciclar es ciertamente uno de los puntos más fuerte de la ética neo-pagana. Y si hay algo que un pagano cree con fe sincera, es que la vida siempre ofrece segundas oportunidades.

El alma pagana estaba en la bailarina de una sola pierna, y el baterista sin brazos y en la trapecista con parálisis,  porque los paganos aceptamos la vida tal como es, con sus luces y oscuridades. No vemos a las “aparentes” tragedias  como castigos, si no como metas que nuestras almas se han impuesto para probarse y fortalecerse en esta encarnación material. Los dioses paganos no castigan ni abandonan. Confían en nuestro poder interior y en la naturaleza nos demuestran que no hay mejor ni peor, porque su amor incluye tanto al águila como al caracol. La diosa ama a la pulga y a la garrapata así como a la mariposa: para ella todos tienen su peculiar belleza y fortaleza y dones que ofrecer a la danza de la vida.

La religiosidad pagana estuvo ahí en ese instante, entre la música y la danza, en que más de 80 mil personas se hicieron uno, en amor, en respeto, en alegría, en diversidad, en glorioso abandono que no conoce de “el que dirán”, uno con los atletas y sus historias, uno con los voluntarios y su apoyo, uno con los organizadores y sus esfuerzos, uno con los participantes al otro lado del televisor, uno con el cielo abierto londinense y los fuegos artificiales y con la energía acumulada en el estadio olímpico por un mes, cantando a grandes voces las gestas de valor y camaderia del espíritu humano, que en medio de la celebración de su grandeza, recordó invitar a la fiesta a su hermana luna y hermano sol.

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