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Una parte importante del equipo de las brujas, es un “familiar” puesto que las brujas llevan ordinariamente un familiar o un espíritu en forma de hombre, mujer, muchacho, perro, gato, gallina, potrillo, liebre, rata, sapo, etc. Y a estos espíritus les dan nombres y se reúnen para bautizarlos, el más común y publicitado en cuentos y películas es el gato negro.

La tradición nos muestra que había dos tipos de familiares: uno para adivinar y el otro para realizar actos de magia. Al parecer los familiares sólo pertenecían a los miembros de un coven, no a la congregación en general.

El familiar adivinatorio es inseparable de la religión de las brujas. Cuando una bruja era admitida como miembro de un coven, se le informaba mediante qué animal podría adivinar el porvenir, y se le daban instrucciones sobre el método de adivinación. Un animal muy común para este propósito era el perro, a veces con alguna condición sobre el color.

En los distritos escasamente poblados donde no abundaban los animales, la bruja podía tener más de un familiar. Como por ejemplo John Walsh, brujo de Dorset, adivinaba el porvenir mediante una “paloma de color gris negruzco o un perro de varios colores”; Alexander Hamilton, en Lothian, tenía un cuervo, un gato y un perro como animales adivinatorios, y Margaret Ningilbert, de Thurso, todavía en 1719, adivinaba mediante un caballo negro, una nube negra o una gallina negra.

El familiar adivinatorio era indicado a la bruja por el Espíritu cuando ella ingresaba en el coven, y se la instruía en el método de adivinar por medio de dicho animal. Podía tener un animal propio para su adivinación privada; había que darle nombre en una ceremonia especial en que participaban varios miembros del coven.

El método de adivinación variaba según el animal empleado y según el tipo de preguntas.

El familiar doméstico no debe confundirse, por ningún concepto, con el familiar adivinatorio, con el que tiene poco en común. El familiar adivinatorio era frecuentemente un animal de gran tamaño, como un caballo o un ciervo, o una gran ave, corno un cuervo o una paloma; si ningún animal o ave respondía al llamado, podían tomarse augurios de una nube. La esencia del familiar adivinatorio consistía en no ser un animal perteneciente al brujo; y cualquier animal del tipo requerido bastaba para hacer augurios.

El familiar adivinatorio, como el nombre que le he dado lo indica, sólo se empleaba con fines proféticos, y la adivinación por medio de él e casi universal. El familiar doméstico era totalmente distinto. Siempre se trataba de un animal pequeño, propiedad del brujo, que lo guardaba en su casa, y a menudo se lo llamaba trasgo o espíritu, ocasionalmente diablo; se lo alimentaba de manera especial y estaba acostumbrado a cumplir con las órdenes del brujo.

El familiar doméstico era siempre un pequeño ser —un perrillo, un gato, una rata, un topo, un sapo o un ratón— que podía mantenerse en la casa en algún receptáculo no muy grande, como una caja o una olla. El animal era alimentado por su dueña, originalmente para amansarlo y para que volviera a ella después de la magia. En el alimento se mezclaba una gota de sangre de la bruja para que el animal se volviera, en cierto sentido, parte de su dueña. Siempre se le daba un nombre, y en todo se lo consideraba como criatura con poderes mágicos, aunque sujeta a su dueña. Sólo se lo empleaba para celebrar actos de magia, nunca para adivinar, y podían ser hereditarios, y también se los podía regalar.

Se podían comprar y vender familiares, pues aún existe un registro de los Manor Rolls, de la isla de Axholme, de un hombre que se quejó de haber pagado tres peniques a otro por un familiar domestico pero que aún no recibía aquello por lo que pagó.

Otro método, también primitivo, de obtener un familiar doméstico, consistía en recitar cierta fórmula y luego adoptar como familiar al primer animal pequeño que apareciera tras la recitación. Al organizarse la religión, la fórmula incluyó el nombre del viejo dios, o diablo como lo llamaron los cronistas cristianos.

El familiar adivinatorio había de ser indicado por el propio gran maestro, y nunca era un animal particular: cualquier animal podía ser el familiar, por el momento; habitualmente no pertenecía a la bruja, y se empleaba para predecir el futuro, casi siempre para anunciar el resultado de una enfermedad.

En cambio, el familiar doméstico podía ser presentado por otra bruja, se lo podía heredar, se lo podía comprar o vender o podía llegar por sí solo tras celebrar algún rito o la recitación de palabras rituales. Siempre era un ser pequeño que podía llevarse en el bolsillo o mantener en la casa en una caja u olla; era propiedad absoluta de su dueña, había que alimentarlo ritualmente, nunca se lo empleaba, salvo para algún acto de magia, y aun entonces, sólo para echar una maldición.

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