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Nota: aunque usaré el termino wiccano, lo siguiente es también aplicable en su mayoría a otras espiritualidades como el druidismo, chamanismo, neo-paganismo, espiritualidad moderna e incluso ciertos aspectos del hinduismo.

Todas las espiritualidades tienen su cierta manera de orar y la Wicca no es excepción. Como una religión que afirma la inmanencia de la Divinidad, lo primero que hace un wiccano a la hora de orar es mirar hacia adentro y conectarse al Dios y a la Diosa interna, con fe inamovible sobre esta verdad. Al hacerlo, la wiccana se ancla en la paz de los dioses de la que es parte y es desde esta paz que entonces reconoce la  dimensión externa a ella de la Diosa y el Dios, y los invoca en el sol y la luna, el rio y la tierra, la piedra y la flor. No importa cuán desesperante o urgente sea la situación, el wiccano se ancla primero en la paz divina de su interior antes de pedir ayuda del tipo que sea. Esto permite, por un lado, abrirse a la inspiración que traerá una respuesta inicial y por otro lado, sirve de recordatorio de que somos partes del ciclo de la vida, que nuestra necesidad tiene la misma validez que la de hormiga o la capa de ozono y que la muerte y la vida danzan juntas en nuestra existencia y ambas son aceptadas y aceptables.

La wiccana reza con el mayor de los respetos y por lo mismo no negocia con los dioses, no hace trato de si me das esto te doy lo otro. Cualquier ofrenda que la wiccana otorgue al Dios y a la Diosa viene del agradecimiento, asombro, humildad y amor hacia a ellos: no es un pago ni un soborno. De esta manera, los wiccanos manifiestan su confianza en el amor y la sabiduría de los dioses y saben que, no importa cuán misterioso sea o este oculto el bien dentro de la adversidad, está ahí, para nuestro beneficio. Es por lo mismo que el bien que el wiccano haga hacia terceros, si bien es cierto que pueda estar influenciado por la ley de tres (todo lo que se lanza se regresa tres veces) nunca es para comprar un puesto en el “cielo” o para demostrar a la Diosa y al Dios cuan bueno somos en realidad. Después de todo,  el Dios y la Diosa habitan en nuestros corazones: ellos saben mejor que nosotros mismos cuan sinceras son nuestras acciones.

Por obvio que parezca, el wiccano reza todos los días, varias veces y de diversas manera al Dios y a la Diosa, no solo para pedir ayuda o dar gracias, si no para estar en constante intimidad con ellos. Los dioses son una realidad constante y solo comulgando continuamente con ellos podemos conocerlos, entenderlos y conectarnos con ellos en la medida de nuestras habilidades. Este contacto diario ayuda a mantenernos en esa paz que mencioné anteriormente, incluso en situaciones inesperadas, porque hemos creados senderos y caminos conocidos hacia las deidades. Al rezar, la wiccana trata de poner todos sus sentidos en la oración o canto de alabanza: nos conectamos a nivel intelectual y emocional y enfocamos nuestra energía hacia los dioses. Aunque se pueden hacer oraciones comunitarias, la mayoría son de índole privado y siguen las inclinaciones y personalidad de cada quien. Por lo general, el wiccano no anda pidiendo perdón a los dioses, si no más bien iluminación para ver sus errores y fortaleza para enmendarlos. Esto no es por orgullo, si no de nuevo, por confianza: confianza en el amor incondicional de la Diosa pero también en la justicia del Dios, manifestada por el proceso del karma.

Los wiccanos tampoco se ven a sí mismos como seres impuros o pecadores. ¿Cómo podrían si son templos de los dioses? Lo que sí reconocen es una posible ignorancia o desconexión de esta realidad que nos hace caer en el error. Al seguir los ritmos de la Naturaleza, de la que somos partes, también entendemos que la muerte, la pérdida, la aparente injusticia no son necesariamente causadas por el “mal” si no por la fuerza creadora/destructora/regenadora de la vida y eso nos ayuda a sobrellevar nuestros momentos de adversidad con mas fortaleza y sin andar preguntándonos que hicimos para que los dioses se enojaran o que podemos hacer para contentarlos –lo que no quiere decir que no tratemos de resarcir daños causados, tanto a la Madre Tierra como a sus hijos de muchas o ningunas patas, visibles e invisibles.

Oración Wiccana

Al Dios y la Diosa

Sentados en el loto de mi corazón,

A la Diosa de la  Luna, el Agua y la Tierra

Al dios del Fuego, el Bosque y la Montaña

Gracias por las bendiciones con las que han

Adornado mi vida y los retos que han confiando

En mí para mi crecimiento personal y espiritual.

En su infinito amor descanso y me rindo.

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