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A veces pareciera que la tendencia  de familias en donde hay más de una figura paternal o maternal es una cuestión de nuestros días. Pero basta ver los mitos e historias espirituales de las grandes religiones, para darnos cuenta que los padres postizos siempre han tenido una gran importancia en la vida de figuras y maestros inspiradores. De hecho, en la antigüedad no era raro que la gente se criara con  otras personas aparte de sus padres. A veces príncipes y princesas eran enviados a las cortes de reyes aliados (o enemigos disfrazados) para asegurar el apoyo entre los reinos. En la Inglaterra post-isabelina, muchas personas clase media y de alta alcurnia mandaba a los chicos al campo, a criarse con otras familias, hasta los cinco o siete años. La razón de esto era la mortalidad infantil, que llegaba a tal grado, que las familias preferían no “encariñarse” con los chicos hasta que estos tuvieran una edad en que las posibilidades de súper-vivencia fueran más fuertes.

En la mitología egipcia encontramos al primer papa postizo, Seb (en algunas versiones el dios Ptah) quien es el que cría al dios Horus, ya que su padre original, Osiris, se encontraba en el  Mundo Espiritual o Cielo egipcio. En la religión hindú, el dios Krisna también tiene un padre postizo,  Nanda, que lo salva de ser asesinado por un cruel rey que quiere matar al infante porque lo considera peligroso para mantener su poder sobre el reino. Es con Nanda y su esposa Yasoda que Krisna pasa su niñez, feliz en el campo entre los “vaqueros” y es del amor del dios hacia la nobleza de estos animales que aparece la tradición de la “vaca sagrada.”

Hércules, el héroe y posteriormente dios griego, tuvo también un padre/maestro en la figura de Quirón, el centauro, reconocido por su inteligencia, buen humor, bondad y conocimientos médicos. Uno de los hermanastros de Hércules, Perseo, hijo igualmente del dios Zeus, se salvó de una muerte segura junto a su virginal madre Dánae gracias al pescador Dictys, quien lo crió hasta que le llegó la hora de probar su hombría. Aunque no es mencionado como tal, es probable que Moisés tuviera un padre postizo, puesto que como princesa real, la hija del faraón o estaba casada o se casó poco después de encontrar al infante. Y por supuesto, no hay que olvidar a uno de mis papás  postizos favoritos: José, a quien se le confió el bienestar y crianza del joven Jesús.

Viendo la lista anterior, es difícil pensar que todas estas grandes figuras hayan desarrollado todo su potencial sin la influencia de esos papás postizos. Ya fuera porque literalmente les salvaron la vida, les proveyeron de un hogar seguro en donde crecer, o como todo padre, los educaran por ejemplo, acción y omisión, algo de estos hombres  tuvo que haber pasado a la mentalidad y carácter de los hijos. Es interesante notar que el compromiso de estos padres hacia los hijos adoptivos no siempre viene de tener una relación con la madre. A veces se da por una simple y poderosa compasión o por un sentido del deber y amistad hacia los padres originales, terrenales o celestiales. Es también curioso que de la lista de héroes y maestros espirituales en este articulo, solo uno, Moisés, no fue considerado en su momento hijo de un dios -normalmente el más poderoso del panteón.

En una foto que rueda por internet de la Virgen María, se dice algo como que “las madres son tan buenas que hasta Dios quiso tener una.” Viendo las historias de nuestras figuras, creo que podríamos decir lo mismo sobre los padres. Y quizás podamos sacar otras lecciones de estos ejemplos. En ellos no vemos la aparente obsesión de tener “el hijo de sangre,” si no que se demuestra que el amor paternal puede extenderse, sinceramente, a los hijos de la vida, hasta el punto de poner la comodidad, los bienes y la vida misma en peligro, como en el caso de José, Seb y Nanda, quienes aceptan a ayudar y a criar a chicos perseguidos por poderosos (y malvados) reyes.

Contrario a las madres biológicas y a los padres “celestiales”, los papas postizos muchas veces quedan en las sombras de la historia de estos famosos hijos: un comentario aquí y allá. Pero en mi opinión los frutos de su amor están a la luz en los hombres que ayudaron a crear. Y esto es cierto no solo para los padrastros de las grandes figuras, si no para esos héroes que aceptan formar nuevas familias y a tomar nuevos hijos en sus corazones, cada día, tomando para sí responsabilidades que no siempre son apreciadas ni celebradas. Por ello, en el día del padre, quiero honrar a todos los papás postizos, los papás del afecto, los papás de la vida, de ayer y hoy, por todos sus esfuerzos, paciencia y amor.

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