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Esta es una balada que fue impresa por primera vez en Minstrelsy por Sir Walter Scott. La versión aquí presentada proviene de un manuscrito de Motherwell.

 

Clerk Saunders y una dama

Caminaban por el prado,

Y profunda es la pasión

De los dos enamorados.

Un lecho, un lecho quisiera –dijo él-

Para yacer a tu lado.

Eso jamás podrá ser –dijo ella-

Hasta no habernos casado.

Siete son mis hermanos,

Todos de gran valentía:

Si un hombre pisara mi cuarto

La vida le quitaría.

Llévame, pues, a tu lecho

Alzado en tu brazos,

Para que puedas jurar sin mentir

Que tu cuarto no he pisado

Venda tu rostro con u n pañuelo

Y cubre tu bella mirada,

Para que jures no haberme visto

Desde la noche pasada.

Dormidos los dos amantes

En el lecho reposaban;

Entran los siete hermanos

Antes de dar el alba.

Dijo el primero de ellos,

Profundo amor los ha unido.

No es justo –dijo el segundo-

Dar muerte a un hombre dormido

Dijo el tercer hermano,

Mejor dejarlo en paz.

No morirá esta noche –dijo el cuarto-

Herido por mi puñal.

No seré yo –el quinto dijo-

Quien haya de separarlos.

El sexto de ellos habló:

Es mejor que nos vayamos.

Aunque no hubiera otro hombre en Escocia

– Se oyó al séptimo decir-

Lord Saunders por mi mano

Esta noche ha de morir.

Tres veces le hundió con furia

Su estoque herrumbrado;

Tres veces hirió a Lord Saunders

En el costado.

Despierta, despierta, Lord Saunders –dijo ella-

Que ya aclarea,

Y gran vergüenza sería

Si en esta cama nos vieran

Despierta, despierta, Lord Saunders –dijo ella-

Las sábanas están mojadas,

Y gran vergüenza sería

Si aquí nos hallaran.

Un sueño triste tuve anoche

– Por nuestro bien, desearía-

Mi largo cabello cortaba

Y en sangre lo sumergía.

A su amado despertaba

Lo llamaba y sacudía

A su amado despertaba

Pues no muerte no notaba.

Lo que muy pocas harían

Yo haré en honor de mi amado:

Llevaré la mano desnuda

Noche y día siete años.

Lo que muy pocas harían

Yo haré en honor a mi amado:

Descalzos irán mis pies

Noche y día siete años.

No habrá mantilla en mis hombros,

Ni peine hará mi tocado,

Ni candelabro ni leña

Alumbrarán más mi cuarto.

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