Una Oración por el Continente Americano

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Reflexionando un día cualquiera con calma y detalladamente, podemos observar como todo un continente está envuelto en un mismo sentir y una misma situación. Así esta nuestro continente. Vale explicar que el continente americano abarca desde Canadá hasta Argentina, con todas sus islas, independientemente del idioma que se hable, su historia y su ideología. A veces, o casi siempre, discursos de todos los rincones nos hacen sentir que somos extraños dentro de un mismo espacio de tierra, por intereses ocultos o por lo que sea, siendo esto una total farsa.

Somos iguales y diferentes. La población americana se les presenta un interesante momento en el que sabrán que los nuevos pasos dentro del planeta vienen de su geografía y su población. Igualdad no significa que todos tenemos que pensar de la misma manera, abrazarnos a una misma ideología, a un mismo credo. Igualdad significa que todos tengamos el derecho a nuestro aprendizaje, experiencia y evolución en este plano. Un gobernante es tan igual que un ciudadano común, pues cada uno tiene el derecho de su propia expresión y de llevar a cabo su misión de vida.

Este tema ha sido manipulado de una forma drástica y hasta trágica. El momento actual llama a la reflexión a cada poblador del continente para que haga un alto y reflexione cual es su verdadero papel. No hay imperio, no hay marginal, solo hay personas que desean llevar  su mensaje, vivir su experiencia y recordar su unidad, resaltando sus diferencia sin temor a ser juzgados.

Sus temblores, sus movimientos, la sacudida de sus elementos, fuego, aire, mar y tierra, son producto de nuestros sentimientos. A mayor exaltación del sentimiento y pensamiento de sus pobladores, mayor será una sacudida de sus espacios. La ira de una población, la sangre derramada de un ciudadano, entra como una corriente intempestiva a la geografía y despierta un elemental que se sacude impresionado ante la indiferencia de una valiosa perdida. Esto no es una fantasía, es la real y pura verdad. Observe todo lo que ocurre, no solo es la contaminación ambiental, es también la contaminación espiritual.

Lo que se vive en cualquier ciudad americana, repercute en la isla más pequeña del continente y así con cada país. No hay otra verdad y esto lo saben los hilos ocultos de la manipulación. Mientras recordamos esta parte importante de nuestra misión como ente colectivo, entonemos una oración que abarque todo el continente y lo haga brillar en luz. América no es tercer mundo, pueblo u cualquier otra denominación despectiva. América es mundo y realidad, luz y sombra, el todo y la nada, es dualidad amorosa.

Recordando nuestra misión colectiva decimos:

“Universo Padre, hoy tus hijos americanos reconocemos que somos la expresión de tu  amor en el planeta.  Hemos sido creados para ser el amor incondicional en acción. Esa intensa chispa de amor dentro de cada poblador de la infinita América fue  encendida en el momento de su nacimiento. Expresando amor a sí mismos, a nuestros vecinos, a quienes llegan de otras latitudes, cosechando éxitos y triunfos en todas sus extensiones. Nos perdonamos por los errores cometidos y cambiamos el rumbo para llenar a todo el continente americano de satisfacciones. Cada americano tiene derecho a mejorar sus relaciones y a alimentar asociaciones nuevas, utilizando modos mejores que los del pasado.  Como continuamos siendo fielmente conscientes del amor de la Creación  por nosotros y dentro de nosotros, vivimos una vida  con mayor sabiduría y desde una sagrada bondad. Somos una expresión del amor de Dios por el mundo  dentro de América. Yo soy América. Doy gracias por nacer en América y honro su territorio brindando lo mejor de mí y de toda su población. Amén.”

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