La Noche Desesperada -en Honor a Robin Williams

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@KaremBarratt

Robin Williams

Fue con gran sorpresa que me uní al luto mundial que ocasiono la muerte de Robin Williams. En medio de unas vacaciones familiares, la triste noticia también me demostró el poco conocimiento que tiene mucha gente acerca de la depresión. Como alguien que ha sufrido de depresión por años y ha llevado a cabo un intento de suicidio, me rompió el corazón leer comentarios como: “ven, la fama y el dinero no lo son todo”; “si tan solo Robin hubiera sabido cuanta gente lo quería”; “eso es lo que se logra con las drogas y el alcohol”; o el peor, “que egoísta, que no le importa el sufrimiento de su familia.”

En mi experiencia, la depresión severa te ciega a lo obvio; se alza a tu alrededor como un muro insondable, que no te permite ver ninguna mañana, ningún amor, ninguna esperanza. Es algo paradójico, en donde literalmente sientes un gran vacío entre tu pecho y espalda, pero al mismo tiempo hay algo que te oprime, algo como una ave atrapada en una jaula demasiado chica, tratando de expandir sus alas, arándote, mordiente, hasta dejarte sin aliento y en total agonía.

Hay tratamientos, por supuesto. Hay medicina. Hay entrenamiento mental. Yo lo intente todo y todo me ayudo hasta cierto punto. Pero en mi caso lo que mejor funciono fue la espiritualidad, no porque me quitara el dolor, si no porque, por un lado, me demostró que el dolor a veces puede tener sentido y propósito, aunque sea solo el valorar los “días buenos”; y por el otro, porque me enseno que eso, esa oscuridad, esa desolación, esa desesperanza, viene, sí, pero también pasa. Igual, no es fácil.

Uno de los canales que uso para drenar la depresión es la escritura, a veces en forma de prosa, a veces en forma lírica. Al contrario de mis otros escritos, estos los mantengo en privado. De hecho, una vez que los escribo, los archivos y pocas veces los vuelvo a ver. Pero en vista de lo ocurrido con Robin Williams y en honor a su valor al hablar públicamente sobre su depresión, he decidido compartir uno de esos escritos, para ilustrar a lo que se siente cuando se está en un episodio depresivo, pero también para decirle, al que lo necesite, que no tiene que pasar por la depresión solo. En mi familia, todos están “entrenados” y saben que cuando sufro un episodio depresivo lo mejor es estar pendiente de mi pero sin esforzarse a animarme o a convencerme que la vida es bella o hay gente en peores condiciones. Pero también he impuesto una regla: después de tres días, tienen permiso a darme “una patadita por el trasero” para regresarme de nuevo a la rutina. Esto me permite comunicarles libremente que estoy en un episodio depresivo y me ayuda a vivirlo como quien tiene una mala gripe; como una ola que pasajera, como una tormenta breve en un día de verano. Quizás algo parecido funcione para ti, quizás no. Pero encuentra la manera de tener apoyo en esos momentos y recuerda: esta también pasará.

 

La Noche Desesperada

Sevilla 2000

Me dicen que la noche no es una sola,

Sino varias; muchas.

Trescientas sesenta y cinco para ser exactas.

Algunas frías, otras cálidas.

Algunas cortas, otras largas,

Pero yo solo conozco esta noche:

La noche desesperada,

La noche espesa y amarga

Que nunca acaba,

Perennemente enmarcada

Entre los barrotes de mi ventana,

Inalterable, insoportable,

Mordiendo con afilados dientes

Los trozos sanos de mi mente alucinada.

Y ellos insisten.

Y juran que hay un mundo más allá de la

Noche desesperada.

Cómo creer lo que dicen

Cuando en la noche desesperada,

Salen de sus jaulas los demonios,

Verdugos de mi alma,

Que pintan de rojo las esquinas

Con la sangre podrida

De mis muñecas guillotinadas.

Pero ellos insisten que no,

Que no hay una noche, sino muchas.

Trescientas sesenta y cinco para ser exactas.

Que las paredes de este cuarto son blancas.

Que no hay voces tras mi ventana.

Ni sogas bajando de mi techo,

Ni hombres ciegos sentados en mi cama.

Yo sólo se que la noche de hoy

Es la de ayer y la de mañana,

La misma noche,

La única noche.

La noche desesperada.

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